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La endomicroscopía terapéutica es el punto culminante de la endosonografía.

El gastroenterólogo pretende alcanzar una técnica de mayor sofisticación que sirva de apoyo a otras subespecialidades. Su objetivo, además, es incorporar la endosonografía al sistema de salud público mediante Fonasa.

Lo primero que destaca el doctor Fernando Kawaguchi al momento de iniciar esta entrevista con SAVALnet es la importancia de incorporar la técnica de la endosonografía al sistema de salud público. Su vasta experiencia y liderazgo en esta especialidad de la medicina lo convierten en un referente altamente valorado en el país, encabezando grupos de trabajo en el Hospital del Trabajador y actualmente en el Hospital Regional Guillermo Grant Benavente en Concepción, donde es Jefe de la Unidad de Endosonografía Diagnóstica y Terapéutica.

"Me gustan los desafíos, comenzar proyectos de cero y contribuir al desarrollo de la medicina desde sus bases", comenta el reconocido gastroenterólogo.

Una vez egresado de médico cirujano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción (1985), donde actualmente ejerce como docente, Fernando Kawaguchi cursó un doctorado en gastroenterología en la Universidad de Gifu, Japón, especializándose más tarde en Endoscopía Bilio Pancreática y Endosonografía en el Departamento de Gastroenterología del Servicio de Medicina Interna de Aichi Cancer Center, en Nagoya.

Cuenta además con un postgrado en Endosonografía Terapéutica (Aichi Cancer Center, Japón) y distintos cursos de perfeccionamiento, por ejemplo, en Oncología Gastroenterológica, en la Universidad Loma Linda de Estados Unidos.

Durante sus primeros años de ejercicio, el doctor Kawaguchi integró equipos de trabajo en los hospitales Barros Luco, San Borja Arriarán, Militar y en la Posta Central de Santiago, hasta que se sumó a un grupo de formación a nivel latinoamericano, en el cual profundizó sobre patología digestiva, iniciando posteriormente, como se detallaba, su perfeccionamiento en el extranjero. "El doctor Llorens y el doctor Nakamura marcaron una etapa importante en mi crecimiento profesional", destaca.

En Japón, recuerda, "me introduje no solamente en toda la técnica de gastroenterología en general, sino que también en técnicas como la endosonografía. Me encontraba en la búsqueda de aprender nuevas técnicas, pero orientadas a lograr, mediante la gastroenterología, no sólo el diagnóstico temprano, sino que también solucionar la patología digestiva oncológica de manera precoz, y para esto todos los recursos tecnológicos posibles eran válidos de aprender en esa época".


¿Cuál fue su motivación al momento de volver a Chile?
Estar en el país era una cosa que me llamaba mucho la atención, porque la idea era entregar estos conocimientos que me habían llegado del cielo. Mi experiencia ameritaba devolverlos y, fundamentalmente, a mi alma mater, que es la Universidad de Concepción. Se presentaron algunas posibilidades en Santiago, como por ejemplo en la Universidad Católica y la Clínica Las Condes, pero decidí venirme para acá -por gestión del doctor Francisco Mucientes- porque Concepción no tenía nada en esta materia y quería tenerlo todo, como dijo el entonces decano, doctor Elso Schiappacase. Eso me pareció muy llamativo, por lo que estuve a cargo de la Dirección de Investigación de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción. Posterior a eso pasé por la Universidad de Loma Linda y obtuve un postdoctorado del Aichi Cancer Center, incluso con la opción de quedarme allá, pero en ese entonces había un plan de formación de una unidad innovadora en el área de la gastroenterología del Hospital del Trabajador, con un sello mixto, vale decir, con participación tanto universitaria como de la empresa privada, algo sin dudas muy llamativo por lo que significa el aporte de privados para financiar el equipamiento tecnológico de última generación. Ahí estuve por 10 años (1998-2008), período en el cual se consolidó un trabajo, concretamos múltiples publicaciones y nos adjudicamos importantes proyectos concursables.

¿Cómo se gestó su llegada al Hospital Regional?
Yo trabajaba en el Hospital como docente, pero no era partícipe del staff del establecimiento. En ese momento, sentía que mi contribución al mundo privado ya estaba hecha y que era el turno de volcar mis esfuerzos a una institución del área pública. De manera paralela, se presentaron varios casos en que, por motivos fundamentalmente de costos, se hizo muy difícil hacer diagnósticos adecuados, lo que acarreó varios problemas al Hospital Regional. La directora de esa época se acercó para plantearme la idea de trasladarme para acá y que luego se intentara adquirir el equipamiento necesario para lograr una mayor capacidad de atención a los pacientes, formando así la Unidad de Endosonografía Diagnóstica y Terapéutica. El cambio fue complejo, a veces agotador, pero siempre motivante.

¿Cómo resultó la experiencia de implementación y puesta en marcha de la unidad?
Yo tenía la satisfacción de realizar procedimientos al mejor nivel, e instauramos de manera pionera controles de calidad ISO 9001, por lo que seguíamos todos los protocolos. En un comienzo esa situación no existía en el Hospital Regional, pero en este momento podría decirse que el establecimiento está a un nivel como el que tenía el Hospital del Trabajador en aquella época. En ese sentido, el primer desafío fue ordenar y protocolizar los procedimientos en el trabajo, lo que a veces resultaba difícil de comprender por el personal. La tarea entonces fue seleccionar las personas adecuadas y en sintonía con el estilo que buscábamos implementar. Favorablemente, este objetivo se consiguió con creces y formamos un gran equipo de trabajo.

Dr. Kawaguchi y su equipo de trabajo

¿Cuáles son las características del trabajo de esta unidad?
Realizamos prestaciones variadas, como endoscopías clásicas, endoscopías alta y baja, ya sea diagnóstica y terapéutica, además el equipo lleva a cabo diferentes endosonografías sectorizadas: esofágica, gástrica, bilio pancreática, colorrectal, de tal forma que el tipo de procedimiento endosonográfico es bastante variado en lo que es tubo digestivo. En un período de marcha blanca, que se extendió los primeros ocho meses, partir de agosto de 2008, se generó un ingreso neto para el hospital de casi 50 millones de pesos, solamente con los pacientes privados que ingresamos. Estábamos trabajando a un 25% de nuestro potencial, por lo que solicitamos contar con un espacio físico asignado y salir de una dependencia muy pequeña que teníamos en pensionado. Posteriormente, los números validaron nuestra unidad y hoy, por ejemplo, tenemos el resultado de nuestra gestión 2010-2011, en la cual, además de los procedimientos endoscópicos, se generó una unidad orientada hacia patologías pancreáticas. Actualmente tenemos alrededor de 1790 atenciones solicitadas en esta unidad, de las cuales aproximadamente 500 son de tipo endosonográfico. Por tanto, comenzamos antes de las 8 de la mañana y trabajamos incluso los días sábado, realizando procedimientos en pabellón, con el esfuerzo indudable de todo mi equipo, del cual me siento muy orgulloso, porque muchas veces sus integrantes han dejado de lado a sus familias para seguirme en esta iniciativa y objetivo de demostrar la utilidad de esta técnica.

¿Qué ventajas conlleva este procedimiento?
Sus ventajas están en el diagnóstico, en las cuales hay tipificación particular de estructuras del tubo digestivo alto y bajo. Se busca también con este tipo de procedimiento lesiones no epiteliales que están bajo lo que se puede ver desde un simple endoscopio, lesiones bilio pancreáticas que son muy complicadas de detectar con otro tipo de técnica y lesiones benignas que inicialmente pueden tratarse con mayor facilidad. Ahora, el gran salto de esta unidad es que se han realizado procedimientos de tipo terapéutico en aquellas lesiones tempranas (GES), logrando resecarlas totalmente mediante mucosectomía o submucosectomía. Eso es definitivamente lo más importante que ya tiene la unidad: trabajar en forma terapéutica, previniendo de esta manera, acciones más complejas en pabellón. Todo el grupo está pensando en la importancia de estar en un equipo de endosonografía con una mirada terapéutica, lo que permite contar con otras perspectivas, tanto en la morbimortalidad y en el tema relacionado con los costos que debe cubrir el paciente, ya que muchos de estos procedimientos oncológicos terapéuticos se realizan de manera ambulatoria.

¿En qué porcentaje se logra disminuir la mortalidad con esta técnica?
No lo hemos determinado. Uno de los grandes intereses personales y del grupo es poder graficarlo, pero lo más lógico es ver la literatura internacional que dice que efectivamente la terapia endosonográfica de lesiones oncológicas tempranas baja en un porcentaje considerable.

¿En qué situación se encuentra esta unidad en comparación a la realidad del país?
Primero que todo, creo que la idea es que los profesionales que estuvimos en Japón no se concentren en Santiago, cosa que ocurre actualmente. Pienso que el objetivo debe apuntar a estimular un trabajo como el que hemos desarrollado en Concepción, en otras áreas o regiones del país. Yo entiendo que es cansador tratar de estimular y hablar de innovación tecnológica cuando en las regiones la realidad muchas veces no es así. Pero de todas formas, quiero hacer un llamado a aquellos jóvenes que logran tener una formación de excelencia, que ojalá se inserten en lugares donde realmente no exista nada y crear algo desde cero. Hay muchas formas de compensación, quizás la más importante para mí, la posibilidad de crear un equipo humano y profesional como el que lidero. Eso de verdad es algo muy gratificante, contar con administrativos, nutricionista, enfermera, tecnólogos médicos, alumnos ayudantes y coordinador. Ahora, siento que esta técnica no ha terminado en su desarrollo. La endosonografía parte como un método diagnóstico para ver muchas patologías, pero no solamente es una técnica diagnóstica o terapéutica precoz, sino que además la idea es ojalá lograr una morbilidad aún menor, vale decir, poder tratar estas células neoplásicas mediante una terapia dinámica o fotodinámica que nos permita evitar el mínimo derrame de sangre. En el fondo, provocar lo que se llama apoptosis o muerte celular programada. Apuntamos a la endomicroscopía terapéutica, lo que debe ser el punto culminante de toda esta idea. Es una técnica de mayor sofisticación que no está disponible sólo para el gastroenterólogo, sino que también, por ejemplo, para el urólogo, broncopulmonar y otorrino. Esta es un área que sirve de apoyo a muchas otras subespecialidades y en la medida que se vaya comprendiendo mejor el significado de ésta, surgirán subespecialistas con un afán primario de ayudar al paciente.

¿Es significativa la reducción de costos para el paciente?
Absolutamente. Lo importante de todo este trabajo es que ya se marcó una huella, que tiene que dar paso a mejoras tecnológicas que cuenten con una perspectiva y mirada inicial respecto de los beneficios reales que se puedan entregar al paciente. No se trata de innovar por el honor propio o la gloria personal, sino apuntar a que esta técnica sea un aporte objetivo y real para aquellas personas que están esperando atención. Por ejemplo, desde el punto de vista práctico, la morbimortalidad en un cáncer gástrico disminuye de forma significativa con una terapia endosonográfica. El costo de una cirugía pancreática es de 30 millones de pesos como mínimo y la cirugía por vía endosonográfica es menos del 10% de eso. El acceso a esta técnica mediante Fonasa permitiría a mucha gente tener un tratamiento óptimo, menos riesgoso y a costos mínimos.

Además de su cargo en el Hospital Regional de Concepción, el doctor Fernando Kawaguchi es Profesor Asociado del Departamento de Medicina Interna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción y miembro de la Sociedad Chilena de Gastroenterología. Recientemente, se integró al Consejo Editorial del Journal of Gastroenterology and Hepatology Research.






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